Esto si que es sorprendente, sin ponernos de acuerdo la Marquesa y yo, tenemos las dos unos prismáticos. Los de la Marquesa son mágicos y los míos son de sueños, pero yo no los compré, me los regaló un duende, cuando estuve en el país de los Duendes de los Sueños. El papel que envolvía los prismáticos, tenía escrita una historia que sucedió en ese país y que ahora os voy a contar.
Es un país enorme, donde hay muchos tipos de duendes, bajitos, altos, morenos, rubios, con pelo largo, corto, de muchos colores, con ideas diferentes, con familias diferentes, con recursos diferentes y con idiomas diferentes.
Hace mucho tiempo, vivieron guerras, momentos de miedo, después de tanto sufrir, apareció un duende con una barba muy especial, subió a lo más alto del país, en sus manos llevaba unos prismáticos, con ellos podía ver todo lo que estaba sucediendo, se sentó durante largo rato a pensar, en qué podía hacer él para que la situación del país cambiara.
Él quería con todas sus fuerzas que todo aquello acabase, no podían vivir más tiempo así. Había realmente duendes malos, que no dejaban que otros, de otros colores viviesen libremente, solo querían que trabajasen para ellos, a cambio de nada, y además se portaban muy mal con ellos, pero estos duendes no podían hacer nada, algunos pudieron escapar pero otros no. Este duende con espíritu soñador, cogió sus prismáticos, y miró a través de ellos. Vio que en todos lugares había duendes buenos y malos, los malos no escuchaban pero los buenos sí. Sintió algo especial y comprendió que, a través de sus prismáticos podía transmitir reflejos de ilusión y esperanza en los buenos, éstos empezaron a tener tanta fuerza, tanto entusiasmo que los duendes malos no entendían muy bien lo que estaba pasando, estaba perdiendo fuerza su maldad, se le iban debilitando sus mala ideas, al ver que estaban apareciendo duendes que sin miedo ayudaban a quienes ellos maltrataban, se ponían rabiosos una y otra vez, pero los duendes generosos expresaban sus ideas con tal claridad, y con tanto amor que los duendes de los otros colores aprendían con rapidez. Y con la palabra, y la ayuda de sus amigos los duendes soñadores y valientes, trabajaban para que sus sueños se cumplieran, sueños de libertad, de igualdad, sueños de construir un país grande, grande en personas con entusiasmo, con el deseo de trabajar, con el deseo de compartir, con el deseo de construir entre todos un país mejor.
Ese duende el gran soñador, que pudo transmitir sus reflejos de paz, sus mejores deseos para su país, dejó en manos de otros duendes sucesivos un país donde los sueños se hacían realidad.
Pasaron años y años, y uno de los duendes se equivocó de sueño, había perdido los prismáticos del Gran Duende Soñador, más bien, no los perdió los abandonó, los prismáticos dejaron de brillar, y el país empezó a oscurecer, pasaron de nuevo momentos de terror, momentos de guerras y el duende no encontraba solución y no encontraba los prismáticos de los sueños. El país necesitaba otro duende, ese ya no podía continuar equivocándose. En otro país nació un duende, de una familia humilde, y al que un día de Reyes solo le pudieron regalar unos prismáticos. Pero esos prismáticos eran especiales, miraba a través de ellos y soñaba con estudiar. Su sueño se hizo realidad, porque estudió, trabajó, y trabajó mucho pero también soñaba. Soñaba con otros lugares, con otros países, y los veía en sus sueños, a través de sus prismáticos, pero en uno de ellos leyó su historia, era el País de los Sueños, y encontró la historia de sus prismáticos y del Gran Duende, y desde entonces no pudo pensar en otra cosa, “llevar de nuevo los sueños a los duendes de aquel país”. Lo deseó con tanta fuerza que los prismáticos lo llevaron hasta esa enormidad. Viajó por todo el país conoció a todos sus habitantes, de todos los colores, de todas las culturas, ricos, pobres, soñadores, otros ya sin sueños…No se cansaba de viajar, hasta que divisó aquel sitio maravilloso desde donde el gran duende, había transmitido a través de los reflejos de los prismáticos, toda su ilusión y la fuerza para construir el gran país.
Él no olvidó la historia, subió allí a lo más alto, comenzó a mover sus pies y sus manos, era un ritmo especial, el movimiento de los pies era el símbolo del caminar, caminar por todos los lugares, sin olvidarse de ninguno y movía sus manos, manos para acoger a todos, para trabajar por todos, y también utilizó la voz, la voz para transmitir mensajes diferentes a los del duende anterior, mensajes para unir a todos los duendes del país, cogió sus prismáticos y a través de ellos les transmitió de nuevo la ilusión, y la fuerza para reconstruir entre todos ese país. Todos notaron en su piel algo especial, algo les traspasaba esa piel cansada, era ilusión, generosidad, serenidad, alegría, entusiasmo, era él, enseguida lo reconocieron, el duende de los sueños y todos se unieron a él.
En las manos de cada uno de los duendes se iban dibujando los prismáticos de los sueños, y prometieron todos que no se desprenderían de ellos y cada vez que fuera alguien a su país le dibujarían en las manos unos prismáticos, por esta razón tengo yo unos prismáticos, y algunos sueños se han cumplido.
Desde aquí les deseo a todos los duendes de ese país que no se vuelvan a apagar los reflejos de los prismáticos y que nunca los olviden en cualquier sitio y siempre los lleven con ellos. Y que en los demás países, se dibujen en las manos de los Duendes que gobiernan, los prismáticos de los sueños, para construir países con “P” de PAZ.
Y esta es la historia que me contó aquel Pequeño Gran Duende.
Pasaron años y años, y uno de los duendes se equivocó de sueño, había perdido los prismáticos del Gran Duende Soñador, más bien, no los perdió los abandonó, los prismáticos dejaron de brillar, y el país empezó a oscurecer, pasaron de nuevo momentos de terror, momentos de guerras y el duende no encontraba solución y no encontraba los prismáticos de los sueños. El país necesitaba otro duende, ese ya no podía continuar equivocándose. En otro país nació un duende, de una familia humilde, y al que un día de Reyes solo le pudieron regalar unos prismáticos. Pero esos prismáticos eran especiales, miraba a través de ellos y soñaba con estudiar. Su sueño se hizo realidad, porque estudió, trabajó, y trabajó mucho pero también soñaba. Soñaba con otros lugares, con otros países, y los veía en sus sueños, a través de sus prismáticos, pero en uno de ellos leyó su historia, era el País de los Sueños, y encontró la historia de sus prismáticos y del Gran Duende, y desde entonces no pudo pensar en otra cosa, “llevar de nuevo los sueños a los duendes de aquel país”. Lo deseó con tanta fuerza que los prismáticos lo llevaron hasta esa enormidad. Viajó por todo el país conoció a todos sus habitantes, de todos los colores, de todas las culturas, ricos, pobres, soñadores, otros ya sin sueños…No se cansaba de viajar, hasta que divisó aquel sitio maravilloso desde donde el gran duende, había transmitido a través de los reflejos de los prismáticos, toda su ilusión y la fuerza para construir el gran país.
Él no olvidó la historia, subió allí a lo más alto, comenzó a mover sus pies y sus manos, era un ritmo especial, el movimiento de los pies era el símbolo del caminar, caminar por todos los lugares, sin olvidarse de ninguno y movía sus manos, manos para acoger a todos, para trabajar por todos, y también utilizó la voz, la voz para transmitir mensajes diferentes a los del duende anterior, mensajes para unir a todos los duendes del país, cogió sus prismáticos y a través de ellos les transmitió de nuevo la ilusión, y la fuerza para reconstruir entre todos ese país. Todos notaron en su piel algo especial, algo les traspasaba esa piel cansada, era ilusión, generosidad, serenidad, alegría, entusiasmo, era él, enseguida lo reconocieron, el duende de los sueños y todos se unieron a él.
En las manos de cada uno de los duendes se iban dibujando los prismáticos de los sueños, y prometieron todos que no se desprenderían de ellos y cada vez que fuera alguien a su país le dibujarían en las manos unos prismáticos, por esta razón tengo yo unos prismáticos, y algunos sueños se han cumplido.
Desde aquí les deseo a todos los duendes de ese país que no se vuelvan a apagar los reflejos de los prismáticos y que nunca los olviden en cualquier sitio y siempre los lleven con ellos. Y que en los demás países, se dibujen en las manos de los Duendes que gobiernan, los prismáticos de los sueños, para construir países con “P” de PAZ.
Y esta es la historia que me contó aquel Pequeño Gran Duende.
Un abrazo lleno de sueños, de Rosalin.
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