Bueno, ya regresé de mi largo viaje y con el gran SECRETO bien guardado en mi corazón.
Volví la semana pasada, porque no podía perderme la fiesta del viernes. Fue estupenda y además una gran terapia para todos los que nos encontrábamos en el Teatro.
Vino a la escuela “El perro de Alicante”, a contarnos un montón de cosas, era un perro muy, muy curioso, un poco despistado, pero que nos hizo reír hasta troncharnos. El pobre, no sabía bien donde debía ponerse los guantes, y la bufanda, y los zapatos. Claro en Alicante no hace tanto frío como aquí y cuando llegó a la Escuela, le tuvimos que prestar algo de ropa para que se abrigara. Le costó colocársela, pero gracias a los niños y niñas quedó bien abrigadito. Luego le invitamos a chocolate ¡¡¡y no sabéis cómo se puso!!!!, se tuvo que lamer toda la cara porque se embadurnó la cara, la nariz……, ¡hasta el pelo!
El abuelo Dindón vino también a la escuela. Gracias a la Marquesa Eulaliesa, traía el sombrero puesto, ese que se había dejado en el recibidor de madera de la Polinesia, de su casa-palacio. ¡¡También es un poco despistado!!
Venía muy guapo, se había cortado el pelo porque ya lo tenía muy muy largo y ya tenía que recogérselo en una coleta. Cuando llegue la primavera le voy a decir que se haga unas mechas, porque ¿sabéis? Tiene todo el pelo blanco, blanco como la nieve y aunque le sienta muy bien, a lo mejor si se lo pinta parece más joven, se lo sugeriré a su hermana la Marquesa, tal vez en la realeza eso no está permitido, claro que como nuestra escuela es mágica,a lo mejor lo puede hacer……………….. Por cierto se acerca el Carnaval y en la Escuela empieza a notarse cierto revuelo, estoy deseando que llegue la fiesta para ver que sorpresas nos esperan. Espero que el abuelo Dindón escoja un disfraz original y Chimpón también, es un ratoncito precioso y muy listo.
Bueno, sé que esperáis que os cuente el secreto de la caracola de la Marquesa, pero…………….no puedo todavía. Es una larga historia que las olas me contaron a través de las Sirenas …………….Al principio me asusté, porque no oía más que unos gritos ensordecedores, como los que hacen a veces los bebés, que casi son capaces de romper una copa, como las sopranos, pero poco a poco, el sonido fue haciéndose más audible y suave. Yo no dejaba de hacer sonar los cascabeles, ¡suerte que me los llevé!, esos que eran de la Condesa de la Chatamarigúela y que suenan todos los días por la Escuela. Yo creo que al oír su sonido, reconocieron en él algo familiar, que yo no oía y se tranquilizaron. Fue entonces cuando aparecieron las Sirenas Rocamboladas, y fue entonces cuando me revelaron el “Secreto”, pero me pusieron una condición y es que no podía contarlo todavía.
Así que lo siento, algún día os lo contaré. Me dijeron que no dejáramos de subir a la cima de la Montaña Mágica, esa que hay en mi clase, la clase de los bebés y que le dijera a Gema, que subiera y que no tuviera miedo, que si lo hacía, descubriría algo de lo que no se olvidaría jamás.
Yo os invito a subir a todos, porque, de verdad, es mágica, sólo hay una condición y es subir con alegría e imaginación.
Besos y abrazos envueltos en grandes lazos.
domingo, 8 de febrero de 2009
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